LA NOCHE DE SAN JUAN

La magia de la noche de San Juan tiene un origen muy antiguo. Durante los días del solsticio de verano/ invierno, el sol hace una “parada” es decir, que durante tres días seguidos sale y se oculta por el mismo punto del horizonte, algo que no sucede el resto del año ya que cada día avanza un grado de circunferencia el lugar de su salida o de su ocaso.

Esta circunstancia llenaba de temor respetuoso a los pueblos antiguos por si el Sol no continuaba su caminar habitual.
Para aplacar las supuestas iras de los dioses, en este caso el dios sol, había que hacer algún sacrificio y de la misma forma que en el solsticio de invierno se sacrificaban los pollos (ése es el origen de la gran bacanal navideña), en el de verano era el de conservar fuegos y hogueras toda la noche para que el sol se moviera de nuevo.

Los celtas echaban una rueda ardiendo colina abajo para “mover” al astro rey.
La rueda representa, naturalmente, el círculo del año, el tiempo cíclico.
La tradición de los baños y del mar viene del propio signo solar en el que entramos, Cáncer que es un signo de agua y ligado a todo tipo de mitologías bautismales, lustrales y benéficas que la Iglesia fue adaptado a la festividad de San Juan Bautista.

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